Lebrillo de cerámica de Talavera del siglo XIX

Lebrillo de Talavera de la Reina pintado a mano en azul en el borde y con flor en el centro. Craquelado propio del tiempo. En buen estado de conservación con algún descascarillado en la pintura.

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Descripción

Lebrillo de Talavera de la Reina pintado a mano en azul en el borde y con flor en el centro.

Craquelado propio del tiempo. En buen estado de conservación con algún descascarillado en la pintura.

Sin firmas ni sello de Talavera, tiene las marcas de los atifles.

Sobre el lebrillo: También llamado Jofaina, aljofaina, lavamanos, palancana, palangana o zafa. En el ajuar alfarero, se cataloga como un gran vaso de base recogida y boca amplia, con una relación entre diámetros mayor del doble, tradicionalmente hecho de arcilla y con los bordes y el interior vidriados. De diferentes tamaños, entre veinticinco y noventa centímetros, se utiliza históricamente para el aseo personal (lavado de pies o lavado de ropa), así el corciol manchego para aclarados. El lebrillo tiene también un uso culinario, haciendo funciones de fuente, frutero o incluso bandeja. En muchos casos se decora con dibujos y motivos diversos, que le dan un valor decorativo añadido.

Cerámica de Talavera: La loza y azulejería producida en Talavera de la Reina (España) a lo largo de sus cinco siglos de reconocida tradición cerámica, ha generado una tipología tan rica y variopinta que es necesaria una clasificación en series para facilitar su estudio y catalogación. Dicha clasificación se hace extensiva a la loza producida en el vecino foco alfarero de El Puente del Arzobispo con la que la de Talavera lo tiene todo en común, excepto la fama que la acapara está última por su estratégica situación en el camino real a Lisboa.

De origen musulmán, la cerámica de Talavera adquirió peso industrial a partir del siglo XVI. Citada por Cervantes, Lope de Vega y Tirso de Molina, la loza talaverana puede documentarse asimismo en buena parte de la pintura barroca española. Usada por nobles y humildes, su monopolio mercantil en pugna constante con la loza sevillana, se vio desplazado a finales del siglo XVIII por la emergente fábrica de Alcora. En el siglo XIX, con la destrucción de sus alfares y fábricas por el ejército francés entre 1810 y 1812, se inició un largo periodo de decadencia, que la pérdida definitiva de las colonias casi llevó a su desaparición. Uno de los artífices de la recuperación de la cerámica talaverana española fue Juan Niveiro con la fundación de la fábrica de «El Carmen». Juan Ruiz asociado al pintor y ceramista Enrique Guijo pusieron en marcha la nueva fábrica de la Virgen del Prado, recuperando formas y temas de la vieja producción talaverana renacentista y barroca con un sello de calidad. A lo largo del siglo XX, nacieron más alfares con un reflejo importante en la producción de series talaveranas.

Época: Finales del siglo XIX.

Medidas: 30 cm de diámetro x 7,5 cm de alto

Material: Cerámica

Información adicional

Dimensiones 30 × 7.5 cm
Época

Material

Arcilla

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